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La
Huerta
Soy
del campo, y eso se nota, al cumplir años vienen a la
mente algunas anécdotas de animales, de plantas, que a
veces te sorprendían, cuando no las habías visto en
días: ¡Lo que habían crecido! ¡el cambio que habían
dado! Por supuesto que siempre n era favorable.
Ahora
estoy jubilada y tengo una huerta en Pozuel de Ariza.
Qué
cierto es, la cabra siempre tira al monte.
Y
aquí estoy en camino, antes iba más a menudo, pero es
que ahora con estos pies
¿Cómo encontraré a mi
huerta, a mis plantas?
(Ya
llegando) ¡Hola!
¿Cómo estáis?
¡Qué
cara veo
!
Os
veo de mal color, ¡demasiado amarillo!
¡Ay,
ay, ay
! Mis alubicas
!
Pero
qué
alicaídos están mis puerricos
! Ya veréis, con un
poco de agua, y esa planta que teneís
Os quiero
ver mas tiesos
que un garrote!.
¡Ay
mis lechuguicas
! ¿Qué
? No me queréis ni
ver! ¡Todas miráis para abajo!
¿A
ver los pepinos? ¡Pero que arrugados
! A vosotros
en cuatro días os quiero ver, acaparado el suelo, y que
el sol no chupe la frescura del riego.
(Vaya
una huerta triste que tengo)
Vamos
a ver ¿qué os pasa? ¡Pero si sois más fuertes que
yo
! Yo no sería capaz de aguantar, ni el sol del
mediodía, ni la frescura de la noche. ¡Qué ánimo no
decaiga
!
Menos
mal, que alguien me recibe con flores.
¡Qué
majas están las patatas
! Y qué floridas
¡A
ver, a ver las acelgas
! Éstas son resistentes.
¡Cuánto habéis crecido
Pero
si tenéis
visitantes
Esto lo arreglo yo. Ya tengo caracoles
para cenar. ¡Cómo saben que estáis buenas
! Os
quito estos pesados de encima, que os quieren comer.
Ya
sé que tengo que venir más a menudo
y no creáis
que no me acuerdo de vosotras. Sobre todo cuando calienta
mucho el sol. Si fuera posible os pondría una visera.
Pero
yoo
También tengo mis problemas. Porque no logro
echar a estos espolones, que hacen tanto daño, como los
limacos a las lechugas o los caracoles a las acelgas:
qué muerden sin parar.
Veremos
si los echo. Me han recomendado baños de agua caliente.
¡Hablando de agua
! Qué he venido a regar
Os
quiero: y me merece la pena pasar un rato sudando
mientras riego, porque siento, que cada cubo de agua que
os echo, os doy vida.
De
acuerdo que sois jóvenes indefensas, que necesitáis de
nuestra mano. Nosotros también necesitamos de vosotras,
las plantas.
Estáis
recomendadas por todos los médicos: ¡Y bien qué sienta
una ensalada o una menestra! Y de vuestro
oxígeno
largo y tendido hablaríamos de él: Y
cuantas más plantas, y grandes haya, menos
contaminación tendremos.
Así
que con la ayuda del TODOPODEROSO, y nuestra ayuda mutua,
podemos vivir un poco mejor.
(Yo
sigo regando) Os toca a vosotras las cebollas, con cinco
cubos, tenéis buen riego: Quiero veros como las cebollas
de mi hermana Raquel. JA, JA.
Voy a
contaros una anécdota verídica.
Mi
hermana Raquel tiene una nieta que se llama Ainhoa, y le
gusta jugar con las plantas, a veces tira de ellas, como
si fueran las trenzas de sus amigas, y como no
gritan
La abuela de dice, no las hagas daño, no las
rompas que sufren.
Un
día, está mi hermana en la fuente, y viene su nieta
Ainhoa corriendo muy apurada, ¡abuela, abuela
!
¡Qué me siguen
! ¡Qué me han pegado
! Pero,
¿quién
? ¿Has visto un bichito? ¿Te ha asustado?
Nooooo, pues ¿qué ha pasado?.
Y la
niña con su explicación, un tanto nerviosa, la abuela
entendió. Había tirado de una planta de una cebolla, y
se asustó. No sospechaba que de aquella rama tan
pequeña, se removería tanto a su alrededor, se quiso
echar para atrás y se cayó, como no soltaba la rama, se
arrancó la cebolleta, y le pegó en su cuerpo.
Se
levantó rápida para pedir auxilio a su abuela.
Mi
hermana se echó a reír. Luego les contó a los padres,
todos se reían y la niña también.
Yo
creo, que una cámara de vídeo estaría orgullosa, de
tener esta anécdota en sus tripas.
Bueno,
que estoy a todo sudar, voy a descansar un poco, que
estos espolones
¡Vaya
sorpresa! ¿Cómo ha venido esta rama de perejil al
cubo
?
¡Cómo
se ve que te gusta meterte en todas las salsas
.!
Qué
bien se respira aquí: Esto es vida.
Según
voy regando, parece que cambian las plantas de color, ya
van levantando el ánimo.
Lo
que si voy a hacer es plantar un árbol, para que me de
sombra: puede ser
un cerezo. Espero no me de el
disgusto que se llevaron mi cuñado Antonio y mi hermana
Carmen.
Yo
sé, que a las plantas les gusta que se les hable! Pues
bien, os lo cuento. Estaban comiendo el matrimonio, de
postre cerezas. ¡Qué buenas están! ¡Yo comería más!
Ya voy al árbol dice el marido y traigo para cenar. A
los pocos minutos vuelve Antonio. Carmen corre, corre,
que nos están robando las cerezas, coge el vídeo, así
no me podrá negar, sea quien sea.
Van y
no está, ¡se ha escapado! ¿Me habrá visto?.
¡Ese
vuelve! Seguro que vuelve. Dice Antonio. Están de
cuidado.
Al
llegar la noche, se oye algo en el cerezo. Vamos, vamos,
la cámara, coge la linterna, el palo. El marido va por
delante, se lía a darle palos al ladrón, mi hermana lo
graba. En esto el ladrón se cae al pozo:
¡Buena
la hemos hecho! ¡Llama a los guardias, a la policía!
¡Cómo
voy a ir
Hay que sacarlo! ¡Se puede ahogar! Qué el
agua está muy fría. Aquí hay una cuerda, échala que
se agarre. ¡Será cabrito
no se agarra!
Claro
se habrá dado un golpe. ¡Hay que disgusto!
Trae
la linterna: ¡si no le he puesto las pilas
!
Pero
si que está, en el pozo lo he grabado. ¡Dios mío!
Necesitamos ayuda. ¡Será hijo de mala madre
!
¡Cállate
y piensa! ¡Hay que sacarlo cuanto antes! Va a ser
nuestra ruina si se ahoga
!
A la
vez se oye la voz del hijo Gaspar.
¡Mamá,
papá! ¿Qué ocurre? ¿Qué andáis
?
¡Ven
corre
! ¿Qué pasa?
Estaba
uno robando las cerezas, tu padre ha liado a darle palos
y se caído al pozo. Le hemos echado la cuerda y no se
agarra
Carmen
no pierdas tiempo, llama a la policía.
Vamos
a vaciar el pozo: Rápido, ya está la goma, enchufa el
motor. Con esta goma ancha, en minutos se vacía.
¿Qué
pasa aquí? ¡Se atasca la goma
!
¡Papa
ha salido la boina
! Qué es estoo
¡un trozo
de chaqueta!
Papá,
papá
Ahora sale pajaa
¡No
me digas
! ¡A que va a ser el
espantapájaros
!
¡Pero
si está en el árbol! Se me ha olvidado deciros que esta
tarde he puesto yo otro.
¡Menos
mal! ¡La que nos venía encima! ¿Cómo se iba a
agarrar?
Qué
cosas pasan. A ver que se ven en el vídeo, seguro que
nos vamos a reír.
Hay
que seguir regando: dos cubos más para las zanahorias,
hala que sois el chorizo de la huerta.
Pondré
palos a las alubias, que con este riego, van a subir como
las ardillas, dejando por camino flores y vainas.
¡Ay
que tarde! Como se me ha pasado el tiempo. ¿Me puedo ir?
Ya
teneís humedad para unos días.
A las
plantas se les ve disfrutar con el riego, y yo las quiero
y disfruto con ellas. Os prometo que vendré pronto,
aunque llueva, vendré a veros.
Me
vuelvo para decirles adiós. Me ha parecido
(que se
ríen y me dicen adiós) ¡O será
! Que se ha
movido un poco de viento
con el brillo del sol
y ese poco de agua que tienen en las hojas
agitando
¡Cómo se ríen
! Y me agradecen y me
dicen Adiós
Adiós
Agosto
2001

Julia
Arregui (abuela Julia)
Madre
de Yolanda
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